Una mateada con sabor a hogar, encuentro y cuidado
La semana pasada vivimos en nuestro establecimiento una jornada que nos tocó el corazón: realizamos la mateada del hogar estudiantil, un momento pensado no solo para compartir una infusión, sino para abrazarnos con la palabra, mirarnos con respeto y recordarnos que estamos juntos en esta etapa de la vida
Más que una actividad, fue una pausa significativa en la rutina: una invitación a bajar el ritmo, sentarnos en ronda y reconocernos como compañeras y compañeros de camino. Entre mates, charlas espontáneas y sonrisas sinceras, fuimos tejiendo vínculos que fortalecen el alma del hogar
Esta mateada fue también un espacio de cuidado:
Cuidado de uno mismo, al regalarnos tiempo, descanso y escucha.
Cuidado del otro, al compartir nuestras historias, nuestros silencios y nuestras risas.
Cuidado del entorno, al valorar el lugar que habitamos y construir juntos un ambiente de respeto y calidez.
Este espacio fue un recordatorio de que el hogar no es solo un lugar físico: es un lazo que se construye con afecto, con presencia y con el deseo genuino de crecer juntos
Gracias a cada estudiante que se animó a abrir su corazón, a compartir desde lo simple y lo verdadero. Son estos momentos los que hacen que la vida en el hogar sea mucho más que convivir… sea vivir con sentido









