Así nacimos

ASÍ NACIMOS

Para toda la vida

Por Daniel Farfán Palma, Director Ejecutivo de la Corporación Sepade, 2025

Negrete es una pequeña ciudad de unos diez mil habitantes que se encuentra al sur del río Biobío, y a unos 120 km de Concepción, capital de la región. Antigua como la historia de Chile, Negrete surge como un embarcadero de balsas utilizado por los conquistadores españoles, al mando de Pedro de Valdivia, que habían descubierto ahí un paso para vadear el gran cauce que separaba dos territorios. Por esta razón, durante más de tres siglos Negrete se ubicó en lo que se denomina una región de frontera, aquel fenómeno sociológico que crea curiosas vinculaciones entre la ambición de los conquistadores y la porfía de los que no se dejan conquistar.

Tan cerca, pero tan lejos del mundo, Negrete permaneció sumida en la pobreza, con escasos o nulos servicios básicos y una economía apenas un poco más que de subsistencia. De acuerdo a la encuesta CASEN de 2003, más de un 40% de la población negretina era pobre o indigente, y el analfabetismo superaba por lejos la media del país. A la par, el nivel de escolaridad, un 7%, sólo era un reflejo de los demás índices negativos.

El proyecto de un Liceo Agrícola se presentó a la organización de estudiantes secundarios de los países nórdicos, a través de la organización Ayuda Luterana Sueca. En un principio se optó por la ciudad de Tucapel —a 80 km de distancia de Negrete—, incluso se había comprado una parcela para levantar el liceo. No obstante, fue una compra fallida, porque cuando estuvimos a punto de firmar las escrituras nos percatamos de que ese predio no disponía de riego. No podría haber servido para los propósitos educativos técnicos agrícolas. Se desechó la compra y comenzamos de nuevo la búsqueda.

Y llegamos a Negrete casi por casualidad. Encontramos dos parcelas a 500 metros de la plaza del pueblo, en el camino a Espiga de Oro, un terreno de una familia de agricultores que ocupaban el suelo para la producción de remolacha.

Operation Dagsverke - Organización de Estudiantes de los países nórdicos.
Primera foto del Liceo Agrícola de Negrete en construcción.

Luego de las gestiones legales y comerciales, se compraron dos parcelas que en conjunto suman aproximadamente 49 hectáreas. De inmediato, en el entorno comenzó la difusión de un proyecto sin precedentes: que se iba a instalar allí un liceo agrícola de régimen gratuito, y con internado. Visto así, como era de esperar, en esos años era una increíble buena noticia para muchas familias que vivían en lo que el expresidente Ricardo Lagos llamaba la frontera interior del país. Es decir, aislados dentro del aislamiento: no vivían ni cerca de Los Ángeles, ni cerca de Mulchén, más bien en el límite de la Octava con la Novena Región.

En Negrete existe un liceo científico humanista, además hay escuelas básicas en el entorno. Otros liceos se encuentran en Nacimiento, que está a 7 kilómetros. También en Angol, a 30 km, y Los Ángeles a otros 30 km. Pero Negrete permanecía en el olvido, equidistante de aquellos centros que les eran tan ajenos. Y ni pensar en las distancias a las ciudades de mayor envergadura, como Chillán o Concepción.

La situación era penosa, lo que provocaba frustración y pesimismo ante el futuro: aquellas familias no tenían dónde llevar a sus hijos a estudiar, no había escuelas con internado en los alrededores. Y eso generó un interés y una atracción muy grandes por el proyecto que presentábamos.

Mientras se avanzaba en la construcción y empezaron a aparecer las bases del edificio, se inició la etapa de selección de estudiantes. Debíamos implementar un examen de admisión, porque pronto comprendimos que la demanda iba a ser tan alta que nos superaría.

¿Cómo establecer una selección? Con Juan Antonio Ríos Castillo —Jefe de Administración Finanzas de SEPADE durante el período que se construyeron los proyectos educativos de Los Mayos y Negrete— preparamos una lista de preguntas, un test que nos entregase un simple sistema para seleccionar a los chicos. Incluimos conocimientos básicos de matemáticas, lenguaje, ciencias. Lo fotocopiamos aquí en la oficina de la Corporación SEPADE y salimos para Negrete con la camioneta cargada con cajas de aquellos cuestionarios. Cuando llegamos había una gran cantidad de gente, mucho más de lo que habíamos creído que llegarían. Cientos de jóvenes, y acompañados de sus padres, unos 300 o 400 grupos familiares. Había casi tanta gente en el colegio como los residentes de Negrete. Organizamos la toma de exámenes, lamentablemente había que seleccionar, no podíamos recibir a todos los interesados. La enseñanza básica estaba descartada porque la infraestructura no fue pensada para esa etapa escolar. Debíamos llenar dos cursos de primero de enseñanza media, unos ochenta jóvenes en total. Esa era nuestra meta, nuestra cortapisa.

Foto de estudiantes de la primera generación del liceo.

Se trató de un proceso complicado: los postulantes fueron invitados a ingresar a varias salas, mientras la gente esperaba afuera con evidentes signos de nerviosismo. Se dio prioridad a los jóvenes que venían desde más lejos, a fin de completar la matrícula del internado. Aunque la palabra es otra: desde siempre lo hemos llamado hogar, hogar de estudiantes.

Como había tan alta expectativa, hubo mucha gente que también quedó con la pena y con la frustración de no haber podido matricular a sus hijos en un colegio agrícola que ofrecía tantas ventajas, además en una edificación nueva y moderna. Negrete ha sido una comunidad muy acogedora, con cercanía entrañable, que valora la pertinencia de un proyecto que antes podría haberse considerado imposible de concretar.

II. EL MINUTO CERO

Finalmente, en marzo de 1994, el Liceo Agrícola de Negrete comenzó sus actividades con dos cursos de primero medio. En aquel tiempo, durante el segundo gobierno de la Concertación, existía un ministerio de Planificación. El titular de esa cartera, Luis Maira, quiso asistir a la inauguración, también otras tantas autoridades del gobierno, así como parlamentarios de todos los signos políticos. Fue una gran noticia para la ciudad y la región, con repercusiones a nivel nacional.

Para el día de la inauguración, el 24 de marzo, se apreciaba la felicidad en los rostros de los estudiantes que serían la primera generación. Todos con uniforme traídos de las escuelas de donde cada chico procedía, el típico atuendo único que se usaba en esos años: jumper azul las niñas y pantalón gris con chaqueta azul los hombres. Lo entendimos como un modo de presentarse con la mayor formalidad en aquel día que todos guardarían en la memoria. Sin embargo, el uniforme nunca fue exigencia en el liceo.

Cuando se inauguró, había un torbellino de gente alrededor del colegio, eran los apoderados. A la euforia se le sumaba un hecho anecdótico menor, pero elocuente de significado: esos padres y madres vieron allí autoridades locales y nacionales, quizás por primera vez. Además, periodistas que venían a cubrir la noticia de la inauguración de un colegio, y no a buscar temas misceláneos y folclóricos de las costumbres en zonas aisladas. Así de relevante fue de pronto la ciudad de Negrete gracias a su Liceo Agrícola.

En sus inicios, el Liceo fue concebido como un espacio educativo para que los jóvenes se incorporaran a la vida laboral. En su edición número 20 —de marzo de 1994— la revista Evangelio y Sociedad consignó: “El liceo agrícola permitirá lograr una formación profesional a jóvenes campesinos para incorporarse a la vida laboral, ya sea en los predios de sus propios padres o en la empresa agrícola regional”.  A poco andar este perfil de egreso de los estudiantes del Liceo cambió radicalmente, ya que nos dimos cuenta de que debíamos ampliar las oportunidades hacia la continuación de estudios superiores y, por qué no, al emprendimiento de iniciativas productivas, sociales, culturales o sociales.

Las familias de esos jóvenes casi no se conocían porque provenían de un mundo rural profundo y apartado, con escasa comunicación, lejos de Chile y lejos entre ellos mismos. Por primera vez se saludaban manifestando con sus sonrisas una causa en común: la mejor educación posible para sus hijos. Para los jóvenes, el júbilo era notorio, ya se sentían entre compañeros de colegio y podían establecer relaciones de amistad con muchachos y muchachas que venían desde rincones muy apartados de la zona, quizás de culturas y costumbres desconocidas.

En Negrete las familias siempre han acompañado a sus hijos en el colegio, a pesar de las distancias que deben que recorrer en esos buses rurales que cubren las rutas de la frontera interior. Esas familias han ido cambiando con los años, por cierto, pero la presencia de padres, madres, a veces abuelos, es permanente. Una mezcla de preocupación y orgullo, y esperanza de saber que sus hijos tendrán un futuro auspicioso que los liberará de trabajos precarios o de la migración.

Lidia Cáceres - Presidenta de la Junta de Vecinos de Espiga de Oro, Negrete.

"El liceo provoca un gran impacto en la comuna porque ellos empezaron acá preparando niños, jóvenes que en ese tiempo no tenían los medios para emigrar a Los Ángeles o a otros lados para capacitarse y estudiar."

Han transcurrido treinta años, varias generaciones de jóvenes que ahora son mayores y con hijos que también han sido matriculados en el Liceo. Es un ciclo que se retroalimenta. 

En el aspecto laboral el Liceo también modificó el entorno al ofrecer plazas de trabajo estables y seguras, que eran muy escasas, para quienes ejercen de asistentes de la educación. Es así como se llegó a la selección de Olga Sandoval Cárcamo, cocinera y jefa de cocina que trabaja desde el comienzo del proyecto. 

"Había comentarios en el pueblo que decían que se iba a abrir un Liceo, y yo postulé. Nunca me imaginé que iba a quedar y aquí estoy, han pasado ya 30 años. Me impacta ver a muchas niñas y niños pasar por nuestro Liceo preparándose para su futuro, y yo siempre he estado dispuesta a atenderles. Para los jóvenes quisiera decirles que aprovechen el estudio que les están dando en este colegio y lo que están entregando a sus papás. Todo el cariño para que salgan adelante".

Olga Sandoval Cárcamo - Funcionaria histórica del Liceo Agrícola de Negrete.

Una oportunidad de trabajo digno para mujeres era impensable en esos años, y más difícil si no habían completado estudios formales básicos. Los asistentes de la educación conforman un equipo más estable en el tiempo, puesto que desde un principio se optó por negretinos que vivieran cerca del establecimiento por razones prácticas y de disponibilidad de horarios. Son personas que hasta el día de hoy están trabajando —en una fase de finalización de su etapa laboral, algunos de ellos ya jubilados— y que experimentaron un notorio cambio en sus vidas. El cuerpo docente, a su vez, va rotando de manera más regular.

Elizabeth Solís Rivas - Educadora de Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

"He vivido muchas experiencias significativas. La que más valoro es la formación de tutorías personalizadas, ello me ha permitido conectar de corazón a corazón con nuestros estudiantes y su familia. Esto es vital para el logro de sus aprendizajes integrales y su trayectoria de vida porque nos permite conocerle desde su singularidad, desde la confianza y el amor."

Resulta muy destacable el caso de los egresados universitarios de las carreras de Educación que postulan y desean trabajar en una escuela rural. Es indicativo de una alta motivación y vocación docente porque se apartan de los centros urbanos en los que, es probable, cuenten con mayores comodidades y redes de contactos. Algunos consideran el mundo rural como un paso, una etapa de aprendizaje en su profesión, una anotación valiosa en el currículo. Y luego de un tiempo, naturalmente, buscan emigrar. Así lo testimonia Karen.

"Actualmente pienso que la mejor decisión que pude tomar fue la de haber postulado a este establecimiento. Es un lugar donde se puede soñar y crear. Para mí es gratificante poder dar oportunidades a mis estudiantes, el verlos florecer me llena el corazón. "

Karen Sánchez Barriga - Educadora de Ciencias Naturales y coordinadora Pedagógica.

III. LA LECHERÍA

El Liceo tiene la especialidad agropecuaria orientada a la formación de técnicos para la industria secundaria, la leche. Entonces, el requisito del colegio era disponer de una lechería. Cuando comenzamos teníamos integrada la lechería como parte de la escuela desde el punto de vista de su gestión, es decir, el director sería también el encargado de la lechería. Sin embargo, no se podía cargar un enorme proyecto productivo a la dirección del liceo. De inmediato tuvimos que crear una empresa relacionada, porque el colegio, dependiente de una corporación sin fines de lucro, no podía aparecer vendiendo productos lácteos. Pero a la vez se necesitaba para la correcta y completa formación de los estudiantes. Se separó la lechería, el negocio de la producción de leche, de lo que corresponde estrictamente a la educación. Así surgió la empresa Pumahue en 1995, apenas un año después de la inauguración, una sociedad de responsabilidad limitada.

La lechería como negocio no es relevante, sino sólo como acceso al aprendizaje técnico y práctico de los estudiantes, nunca ha sido nuestro propósito ser productores de leche.

La conexión del Liceo Agrícola de Negrete con la familia, con sus estudiantes y la comunidad negretina es uno de los sellos que mejor nos identifican, además del aporte técnico y profesional a los organizaciones comunitarias y productivas de la comuna. Desde siempre, de manera desinteresada y humilde, los distintos equipos y estudiantes del Liceo han estado dispuestos a colaborar con las organizaciones sociales, las entidades del Estado y los productores de la comuna.

Guadalupe Paredes Muñoz - Expresidenta de Centro General de Padres y apoderados, 2018.

"Como apoderada fui bien acogida, me sentía como si llegara a mi casa y como si fuera mi familia. El impacto del Liceo en la sociedad es muy bueno, sobre todo en el mundo rural, porque hace que los niños se enamoren día a día del campo, lo que se había ido perdiendo un poco."

"El primer recuerdo que yo tengo del Liceo fue cuando se creó y tuvimos que hacer un gallinero, yo nunca había conocido las gallinas y me gustó hacerlo. Mi gallina se llamaba Clarita y lo que aprendí fue a conocer y superar mis propios miedos. Lo que aprendí como estudiante del Liceo Agrícola de Negrete, lo que más valoro, es la responsabilidad. Eso me ha servido para toda la vida. Una experiencia muy linda. También aprendí a querer, amar y valorar."

Soledad Soto Zapata - Exestudiante de la primera promoción de egresados.

Me cabe la convicción de que el Liceo Agrícola de Negrete ha impactado positivamente en todos quienes han tenido la oportunidad de estudiar y formarse en ese espacio. aunque los estudiantes han estado aquí sólo cuatro de los doce años de su educación. Lo que aprendieron en el Liceo y en el hogar seguramente les ha servido muchísimo para adoptar sus propias decisiones en el ámbito personal, laboral, familiar y social.